FOTO-GALERÍA "CRISTO TE AMA"

FOTO-GALERÍA "CRISTO TE AMA"
Visita el blog dedicado solo para las fotografías

miércoles, 20 de abril de 2011

UNA ESPADA ATRAVESARÁ TU ALMA (2)

B) LA PRESENTACIÓN: OFRENDA DEL HIJO






La Anunciación y Encarnación tienen lugar en Nazaret, pero Jesús, hijo de David, nace en "Belén de Judea, la ciudad de David, por ser José de la casa y de la familia de David" (Lc 2,4; Mt 2,5). De Belén pasará, como David, a Jerusalén, donde el anciano Simeón le proclamará Mesías y Salvador, viendo en Él la gloria del pueblo de Israel. Jesús ya en el seno de su madre comienza la subida hacia Jerusalén y hacia el Templo. El Hijo de Dios, que ha descendido del Padre, comienza su ascensión hacia el Padre (Jn 16,28). Es María, la Madre, quien lleva por primera vez a Jesús a Jerusalén y al templo, para "dedicarlo" al Padre, a las cosas del Padre.




A los ocho días es circuncidado y José "le puso por nombre Jesús" (Mt 1,25), nombre "que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno" (Lc 2,21) y que reveló a José en sueños (Mt 1,21). Después de la circuncisión de Jesús, llegado el tiempo de la purificación, José y María subieron a Jerusalén a presentar al Niño "para ofrecerlo al Señor" (Le 2,22ss). No se trata, según el Levítico (c.12) de una purificación moral, sino ritual, en cuanto que las fuentes de la vida son protegidas por la ley de Dios. María es el Israel de Dios que invoca la purificación. Jerusalén, cananea de nacimiento, abandonada en el campo, como objeto repugnante, el día de su nacimiento, es vista por Dios, que se compadece de ella: "Te bañé con agua, lavé la sangre que te cubría, te ungí con óleo. Te vestí con vestidos recamados, zapatos de cuero fino, una banda de lino y un manto de seda... Te hiciste cada día más hermosa y llegaste al esplendor de una reina. Tu fama se difundió entre las naciones, debido a tu belleza, que era perfecta, gracias al esplendor con que yo te había revestido" (Ez 16). Esta esposa, colmada de dones, provoca los celos de Dios con sus infidelidades. Pero Jerusalén sigue siendo la esposa del Señor: "Pero yo me acordaré de mi alianza contigo en los días de tu juventud y estableceré en tu favor una alianza eterna... Yo mismo restableceré mi alianza contigo y sabrás que yo soy Yahveh" (60-63).



En estas palabras hallamos la profecía de la Jerusalén de la Nueva Alianza, la Iglesia, que Cristo ama hasta entregarse a sí mismo por ella "para santificarla, purificándola mediante el baño del agua, en virtud de la palabra, y presentársela resplandeciente a sí mismo, sin mancha ni arruga, sino santa e inmaculada" (Ef 5,25-27). En María se cumple ya lo que Cristo hará con toda la Iglesia. En la presentación del templo, en el misterio de la ofrenda al Señor de su Hijo, la Hija de Sión vuelve al primer amor de la Alianza. Y Jesús es ofrecido a su Padre celestial, de quien es realmente Primogénito y a quien pertenece desde siempre.




"El primogénito abre el seno materno" (Nm 3,12), permitiendo a los demás hermanos pasar por él. Jesús ha abierto el seno de la misericordia del Padre y ha pasado, el primero, a través de la muerte, dejándonos abierto el acceso al Padre. Así se ha ofrecido al Padre al ser presentado en el templo: "Por eso, al entrar en este mundo, dice: Sacrificios y oblación no quisiste; pero me has formado un cuerpo... para hacer, oh Dios, tu voluntad" (Hb 10,5.7).




En toda la escena de la presentación, el Espíritu Santo aletea en el templo (Le 2,25.26.27), moviendo, consolando e inspirando a los ancianos Simeón y Ana. Simeón es el hombre de la espera mesiánica. Aunque avanzado en edad mantiene en alto la llama de la esperanza: "él esperaba la consolación de Israel" (v 25), junto con "los que esperaban la redención de Jerusalén" (v 38). Simeón es el hombre de la esperanza y del Espíritu. El encuentro con Simeón acontece antes de la presentación propiamente dicha. Las palabras de Simeón, iluminado por el Espíritu Santo, iluminan a María el significado del rito. Al coger al niño en sus brazos, inspirado por el Espíritu, Simeón empieza por dar gracias a Dios, porque le concede ver al Mesías en el que tenía puesta toda su esperanza. Simeón descubre en Jesús el cumplimiento de las promesas esperadas, reconociendo en él "al Cristo del Señor", "la consolación de Israel", y "la luz de las naciones" como "el Siervo de Yahveh".10 También Ana, 11 que día y noche servía al Señor en el templo, reconoce en el niño al Esperadó, "la redención de Israel". Los dos ancianos reconocen que María, la Hija de Sión, lleva al templo la Luz verdadera, luz para iluminar a los gentiles y gloria de Israel. Estos dos ancianos encarnan las palabras del salmo: "En la vejez darán aún fruto, se mantienen frescos y lozanos para anunciar lo bueno que es Yahveh, nuestra roca" (Sal 92,15-16).




A la luz de la profecía de Simeón el gesto de la presentación de Jesús adquiere la plenitud de su significado: el primogénito es ofrecido totalmente a Dios para salvación de todos sus hermanos. Desde la Anunciación se le ha dicho a María que su hijo es el Salvador. Simeón se lo hace presente a la hora de ofrecerlo a Dios en el templo. Y además Simeón le aclara que su hijo salvará a los hombres como Siervo de Dios, que será "traspasado por nuestras culpas" (Is 53,5), de modo que también a ella "una espada le atravesará el alma". María, en enemistad desde Eva con la serpiente, está situada en el corazón del combate que acompañará a su Hijo, signo de contradicción: o con Él o contra Él. Santa Catalina de Siena escribirá: "iOh dulcísimo y amantísimo Amor, la lanzada que tú recibiste en el corazón es la espada que traspasó el corazón y alma de tu madre. El Hijo era golpeado en el cuerpo y, de modo semejante, era herida la madre, porque aquella carne era de ella". 12




El episodio de la presentación de Jesús en el templo nos sugiere el relato de la historia de Samuel. Lo mismo que Elcaná y Ana presentan a su hijo en el santuario de Silo (1S 2,20), así María y José presentan al niño en el templo. Como Elí bendice a los padres de Samuel (2,22), así Simeón bendice a los de Jesús; lo mismo que en Silo hay algunas mujeres que sirven en el santuario (2,22), así también en Jerusalén Ana "sirve al Señor día y noche con ayunos y oraciones" (Lc 2,37); y lo mismo que Samuel "iba creciendo y se ganaba el aprecio del Señor y de los hombres" (2,26), así también "el niño Jesús crecía y se fortalecía; estaba lleno de sabiduría y gozaba del favor del Señor" (Lc 2,40). La diferencia más notable es que Jesús, a diferencia de Samuel, no se quedó en el templo.




La llegada de Jesús al templo es el cumplimiento de la esperanza mesiánica, anunciada por Malaquías como "purificación del templo y del pueblo" (Ml 3,1-3). Simeón, en el Nunc dimittis, canta el cumplimiento de la promesa y de su esperanza. Pero, tras cantar el cumplimiento de la promesa, Simeón anuncia su profecía a María. Aquel en quien se cumple la promesa de la salvación es también "signo de contradicción", objeto de acogida y de rechazo por parte de Israel. Y esto se repercutirá en María: "A ti misma una espada te atravesará el corazón" (Lc 2,35). Aquella que ha sido presentada con José como fiel observante de la ley de los padres está también ligada al drama del rechazo de su pueblo. En realidad Lucas no se ha fijado en la ceremonia de la purificación de la madre. Sólo nos ha narrado la presentación de Jesús, la ofrenda de Jesús a Dios. Ésta será la purificación de la fe de María a lo largo de toda su vida. La ley no prescribía que se llevase al Templo al primogénito; el rescate se podía hacer sin necesidad de presentarlo. Al llevar a Jesús al templo, María manifiesta su fe en que su Hijo es propiedad del Señor, como Ana lo pensó respecto a su hijo Samuel, que "lo ofreció a Yahveh para todos los días de su vida, diciendo: es un consagrado a Yahveh" (1S 1,28).




El evangelio de Lucas no habla de la presencia de María al pie de la cruz. Pero en su evangelio, la cruz se dibuja ante ella desde el comienzo. La maternidad de María está marcada por el signo pascual, pues su Hijo no podía llegar sino por la muerte al pleno nacimiento filial (Rm 1,3). En Israel, todo primogénito pertenece a Yahveh; los padres deben rescatarlo para que sea su hijo (Ex 13,2.12). Ahora bien, Jesús es llevado al templo, no para ser rescatado, sino "para ser presentado al Señor" (Lc 2,22), pues ya había anunciado el ángel que "el niño que nacerá será santo" (Lc 1,35), consagrado al Señor para siempre. El arrebatamiento junto a Dios (Ap 12,5) comienza desde el nacimiento, para acabar un día en una separación total. Tal es el nacimiento completo de Jesús, hasta allí se extiende la relación materna de María con Él. San Bernardo comenta:




El amor de Cristo es como una flecha elegida, que no sólo hirió el alma de María, sino que la traspasó, para que en su seno virginal no quedara ni una pequeña parte vacía del amor y, así, ella amase a Dios con toda su persona y fuera realmente llena de gracia. La traspasó para llegar hasta nosotros y que todos nosotros participáramos de su amor y, así, ella se convirtiera en la madre de aquel amor del que Dios es Padre. 13




Por eso los vínculos humanos entre el Hijo y la madre se van aflojando continuamente: "¿No sabíais que yo debo ocuparme de las cosas de mi Padre?" (Le 2,49). En torno a Jesús se va formando una nueva familia, unida a él por los lazos de la fe: "Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios y la cumplen" (Lc 11,27). La fe prevalece sobre la carne. A los ojos de María, los rasgos de Jesús van adquiriendo los rasgos del Cristo de Dios. Es el Padre quien atrae a sí a su Hijo, quien se lo arrebata a la madre. Juan desde el comienzo de su evangelio anuncia ya la "hora" suprema: "¿A ti y a mí qué? Mi hora todavía no ha llegado" (Jn 2,4). La hora de Jesús, la de su pascua, es también la de la Iglesia en su paso de la antigua a la nueva alianza. Jesús cumple en Caná el primero de sus signos, que son todos anuncios de "su hora". Y "la madre de Jesús estaba allí" (Jn 2,1). María no es llamada por su nombre: es la madre de Jesús, a la que Jesús llama con un nombre inusual: ¡Mujer! Los dos términos convienen a María: ella es la mujer-madre, el símbolo de la nación de la alianza.



La espada evoca en el lenguaje bíblico la palabra de Dios. 14 Esta palabra está presente ahora. Los mismos poemas del Siervo, con los que Simeón describe a Jesús como luz de las naciones y gloria de Israel (Is 42,6; 49,6), afirman: "Convirtió mi boca en espada afilada" (Is 49,2). La "espada" que atravesará el corazón de María será, pues, la Palabra de Dios, que se hace presente en su Hijo Jesús: lo mismo que Israel, también María tendrá que enfrentarse con esta palabra; no se le ahorrará el esfuerzo de creer (Le 2,48-51), puesto que tendrá que guardar y meditar hechos y palabras que no siempre entiende. Pero a diferencia de muchos en Israel, María, como expresión del Israel fiel, perseverará en la fe hasta el fin, hasta el momento de la cruz.




Como la vida de Cristo, según el evangelio de Lucas, fine una lenta y decidida "subida a Jerusalén" (Le 9,31), la de María fue igualmente un acompañar a Jesús en su camino hasta la cruz. Ya las palabras de Simeón: "Una espada atravesará tu alma", que María, sin duda, guardó en su corazón, fueron un preludio de su misión: "estar con Jesús junto a la cruz". Juan. Pablo II, en la Redemptoris mater, aplica a María la palabra de la kénosis, que Pablo ha aplicado a Cristo (Flp 2,6-7): "Mediante la fe, María está perfectamente unida a Cristo en su despojamiento. Es ésta tal vez la más profunda kénosis de la fe en la historia de la humanidad" (RM 18). Esta kénosis se consumó bajo la cruz, pero comenzó mucho antes, en Nazaret y a lo largo de toda la vida pública de Jesús, en esa "peregrinación de la fe":





No es difícil notar una particular fatiga del corazón, unida a una especie de "noche de la fe" -usando una expresión de san Juan de la Cruz-, como un velo a través del cual hay que acercarse al Invisible y vivir en intimidad con el misterio.15 Pues de este modo María, durante muchos años, permaneció en intimidad con el misterio de su Hijo, y avanzaba en su itinerario de la fe (13,M 17).




En lugar de hablar de los "privilegios" de María, el Vaticano II nos presenta a María siguiendo las huellas de su Hijo, asociada a Él. Y Cristo, aunque no tuvo pecado alguno, experimentó por nosotros la fatiga, el dolor, la angustia, las tentaciones y la muerte, todas las consecuencias del pecado. María, como Cristo, siendo su Madre, aprendió lo que es la obediencia con el sufrimiento, de modo que podemos decir que tenemos una madre que puede comprender nuestras enfermedades, nuestra fatiga, nuestras tentaciones, habiendo sido ella probada en todas esas cosas, semejante en todo a nosotros, excepto el pecado (Hb 4,15;5,8).




Ella es la Virgen, Hija de Sión, que cumpliendo la ley, te presentó en el templo a su Hijo, gloria de tu pueblo Israel y luz de todas las naciones. Ella es la Virgen, puesta al servicio de la obra de la salvación, que te ofrece al Cordero sin mancha, que será inmolado por nuestra salvación en el ara de la cruz. Así, Señor, por tu designio, el mismo amor asocia al Hijo y a la Madre; los une el mismo dolor y los impulsa la misma voluntad de agradarte.16

lunes, 18 de abril de 2011

UNA ESPADA ATRAVESARÁ TU ALMA (1)

A) EL ANUNCIO A JOSÉ



Aunque el Hijo no iba a nacer de unas relaciones conyugales entre María y José, éste, sin embargo, era el esposo legítimo de María y, en el matrimonio, tenía una misión importante como padre del hijo de María. José es un "justo" ante Dios, elegido por Dios para una misión fundamental en la historia de la salvación. Si Lucas nos presenta el anuncio del nacimiento del Hijo de Dios hecho a María, Mateo nos presenta el mismo anuncio dirigido a José. Partiendo de la paternidad legal de José, "hijo de David", Mateo introduce a Jesucristo desde el principio en la historia de la salvación: Jesús es el cumplimiento de la promesa.





El origen de Jesús como Cristo fue así: estando desposada María, su madre, con José, antes de que conviviesen, se halló encinta por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, siendo justo y no queriendo denunciarla (o revelarlo), resolvió separarse secretamente (Mt 1,18-19).





La intención de Mateo -como aparece en la genealogía (1,1-18) es mostrar que Jesús desciende de Abraham y de David y que es, por tanto, el Mesías esperado. La dificultad de Mateo es que Jesús, el Mesías, no desciende de José, en quien desemboca la genealogía1. La cadena de padre a hijo queda rota en el último eslabón: aquí no se habla ya del padre, sino de la madre de la que nace Jesús. ¿Cómo puede ser Jesús el Mesías si no es hijo de José? A esta pregunta responde Mateo. "Jesús, llamado Cristo" concluye la genealogía, y ahí empalma la continuación de Mateo: "De Jesús como Cristo el origen fue así". Con otras palabras: Jesús, el Mesías, nació de la manera siguiente: a pesar de no ser hijo carnal de José, le corresponden los derechos hereditarios de David y de Abraham. Es, pues, el Mesías.





Por este motivo José ocupa el centro del relato. Pero se afirma que lo acontecido en María no es obra de padre humano, sino del Espíritu Santo. Mateo conoce la concepción virginal de Jesús y trata de demostrar que, a pesar de ella, Jesús es el Mesías. Es lo que hace con el anuncio a José. Los dos anuncios, a María y a José, tuvieron lugar en el intervalo de tiempo entre los desposorios y la cohabitación definitiva de los esposos. Según una interpretación, María no dice nada a José de lo ocurrido en ella. No quiere interferir en los planes de Dios para con José. Espera que, como Dios ha mandado un ángel para revelarle su designio sobre ella, intervenga también con José revelándole los designios sobre él. En el silencio sufre las dudas y sospechas de José, aguardando la intervención de Dios.





Pero quizás explique mejor el texto de Mateo otra interpretación. Es posible que José hubiese llegado a comprender, escuchando el relato de los hechos de labios de María, cómo había ocurrido todo realmente.2 Y sabiendo que el embarazo de María se debe a la acción del Espíritu Santo, José decide "apartarse ante el misterio". José, comprendiendo que Dios está actuando, decide no interferir en el designio de Dios con María. Por ello decide apartarse de María en secreto. ¡Cómo podría él tomar por esposa a María, la llena de gracia! Es el sentimiento de respeto y de temor ante el misterio de Dios lo que lleva a José a querer alejarse de María. José, justo3 no ante la ley sino ante Dios, acepta totalmente la voluntad de Dios. Esto le lleva a decidir alejarse de María en secreto, sin revelar el misterio de la concepción virginal del Hijo de Dios en María.4





José guarda en su corazón como un secreto precioso el misterio descubierto en su esposa. José no se pregunta si María es culpable o no. Su duda o indecisión es acerca de lo que él debe hacer. ¿Cómo ha de comportarse él, el esposo, en la situación excepcional en que se encuentra su esposa: encinta por obra del Espíritu Santo? ¿Qué debe hacer él? Lleno de temor reverencial ante el misterio, realizado en María, su esposa, José no ve otra salida que retirarse: "separarse de ella secretamente". José "se dio cuenta claramente de que Dios había puesto la mano en su mujer y que, por tanto, era intangible para él".5 Como dice Santo Tomás: `José quiso devolver a la Virgen su libertad, no porque la creyera culpable de adulterio, sino por respeto a su santidad: sentía temor de convivir con ella" .6 Y San Bernardo:





¿Por qué quiso dejarla? Escucha, no mi opinión, sino la de los Padres. La razón por la que José quiso dejar a María es la misma por la que Pedro alejó de sí al Señor, diciéndole: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. Es también la razón por la que el centurión le apartaba de su casa con estas palabras: Señor, no soy digno de que entres en mi casa. Del mismo modo, José, juzgándose indigno y pecador, pensaba que una persona tan grande como María, cuya maravillosa y superior dignidad admiraba, no debía avenirse a hacer vida común con él. Veía, con sagrado asombro, que en ella resplandecía la marca inconfundible de la divina presencia. Ante la profundidad del misterio, como hombre que era, tembló y quiso dejarla secretamente... También Isabel, ante la presencia de la Virgen embarazada, se sintió llena de respetuoso temor y, por eso, exclamó: ¿De dónde a mí que la madre de mi Señor venga a mí? Ésta es, pues, la razón por la que José quiso dejarla.7





Lleno de respeto hacia María, en quien el Espíritu Santo ha obrado grandes cosas, José está decidido a dejarla totalmente en las manos de Dios. Pero, en ese momento decisivo, "estando él en esos pensamientos, he aquí que se le apareció en sueños un ángel del Señor y le dijo: No temas recibir en tu casa a María, tu esposa" (Mt 1,20). José escucha la misma palabra que ha recibido María: "No temas, María" (Lc 1,30). Este "no temas"8 tiene en la Escritura una gran significación: es la palabra de Dios ante el "santo temor" que experimenta el hombre ante una revelación de la presencia de Dios. Es este temor ante la presencia y acción de Dios en María lo que el evangelio supone en José. De aquí que el ángel le diga: "No temas recibir en tu casa a María, tu esposa; pues, ciertamente, lo concebido en ella es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados" (v20-21).





El ángel revela a José su misión en el misterio de María y de Cristo: su misión de esposo de María y de padre legal de Jesús, a quien como padre "tú pondrás el nombre". Aunque no sea su padre carnal, José recibe la misión de hacer de padre a Jesús. Así, al mismo José le queda indicado el sentido y la forma de su vida ulterior en el servicio del misterio que se ha de cumplir en su casa. Esto tiene su significación en el cumplimiento de la historia de la salvación, como señala Mateo: "Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que el Señor había anunciado por el profeta, que dice: He aquí que una virgen llevará en su seno y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que quiere decir Dios con nosotros" (v 22-23).9 Mateo se interesa de la misión de José y le incluye en la profecía. Y, según Mateo, será José, y no María, quien dé el nombre al niño: "Y él le puso por nombre Jesús" (v 25). José, acogiendo la voluntad de Dios, actúa como esposo de María y como padre legal del Niño-Mesías. A través de José, Jesús es el descendiente de David, el Mesías de Israel. San Mateo no olvida anotar el nombre con que el ángel se dirige a José: `José, hijo de David" (v20).





Aquí queda confirmada la maternidad virginal de María, en la que Mateo -valiéndose de la versión griega de los LXX que traduce -almah por parthenos- ve cumplida la profecía: "Ved que la Virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel" (Is 7,14; Mt 1,23). Mientras subraya el cumplimiento de la esperanza mesiánica en Jesús, pone de manifiesto el alumbramiento prodigioso de María de aquel que es Emmanuel, el Dios-con-nosotros. La virginidad de María a los ojos de Mateo y de la tradición cristiana es vista en relación a Cristo. Cristo no es fruto de un amor humano, sino del Espíritu Santo. En María el protagonista es el Señor y la virginidad es la expresión de esta primacía. Cristo no surge del semen humano o del amor que une a María con José, sino del amor de Dios.



El relato de Mateo nos muestra, finalmente, cuál debe ser la manera cristiana de acoger con espíritu de fe el misterio de la concepción virginal de María. En José, el esposo de María, hallamos la actitud de fe, humildad y respeto con que acoger este misterio de la acción de Dios en María: "José hizo lo que el ángel del Señor le había mandado: recibió a su esposa y, sin tener relaciones conyugales, ella dio a luz un hijo, al que José puso por nombre Jesús" (Mt 1,24-25).





http://www.mercaba.org/FICHAS/MAR%C3%8DA/una_espada_atravesara_tu_alma.htm

DEL SILENCIO a la reflexión, de la reflexión a la solemnidad y de lo solemne una procesión

No es fácil, para el ser humano, creer en Dios. Primero, porque el lenguaje preferido de Dios es el silencio. Segundo, porque siempre que le imploramos, parece no escucharnos. Tercero, porque deseamos que Él nos dé pruebas de su existencia, y para Dios, tales pruebas son insolencias humanas que le ofenden. En consecuencia, para hablar con Dios, huyamos del bullicio; sepamos esperar, con fe, que nos conceda aquello que le pedimos y aceptemos que la mejor prueba de su existencia somos nosotros mismos, que por bondad de Él, existimos. Es más fácil negar la existencia del mundo que la de Dios. El mundo se acaba para quien se muere, sea humilde o engreído. Y aunque parezca inverosímil, es la muerte el premio a la osadía de negar al autor de la vida y el único que puede, como lo demuestran las criaturas que perviven, seguir con vida hasta que Aquel así lo disponga. Y no faltan quienes niegan la resurrección sin darse cuenta que al negarla afirman que Dios no es el autor de la vida. Naturaleza de Dios El empirismo sostiene que todo conocimiento humano comienza por los sentidos y los racionalistas, que es de la razón misma de donde emergen las ideas que nos permiten explicar el mundo en el cual nos movemos.



En consecuencia, hablar de la naturaleza de Dios no puede tener una vía gnoseológica meramente humana. Todo cuanto podemos hacer es preguntarnos si creemos en Dios y si lo aceptamos podremos continuar profundizando en el tratado de teodicea. Porque si nuestra respuesta es negativa es un sinsentido hablar de alguien a quien negamos su existencia. Sólo es posible, como sujetos que tenemos la capacidad para conocer, reitero, si no somos escépticos, conocer lo existente. De ahí que resulte ridículo que un hombre se declare ateo y sin embargo, participe en debates y foros sobre la naturaleza y existencia de Dios. A Dios no le puede conocer el hombre sino a través de las vivencias religiosas que tengamos, es decir, a Dios no se le conoce, se le siente. Pero en forma variable según sea el grado de aceptación que tengamos de su existencia. Son pocos los filósofos que han querido demostrar su existencia y muchos los seres humanos que por su fe lo han proclamado. Ejemplo de ello son las procesiones de formas variables, según el motivo o solemnidad. Así también el silencio es un acto para reflexionar y un culto simbólico de la solemnidad, no de una acto fúnebre sino para dar culto al acto mas sublime de la existencia de todo aquel que se declare cristiano y actualmente profese el catolicismo. El silencio es mostrar respeto por el hombre que entrego su vida para salvación del los hombres.



El uso de las procesiones se remonta a la más lejana antigüedad y la Biblia cita frecuentes ejemplos de las mismas como la vuelta de Josué alrededor de las murallas de Jericó y aquélla en que David danzó delante del Arca. Una procesión es un desfile religioso organizado de personas que realizan un recorrido, de un lugar a otro, bien partiendo de un lugar y volviendo a él. Las procesiones existen en la mayoría de las religiones. En el cristianismo, forman las procesiones la parte más importante del culto exterior. Es difícil hacer una historia de las procesiones cristianas, aunque cabe pensar que en los primeros tiempos de persecución serían muy extrañas, y sólo en el interior de los lugares de culto. Existe constancia histórica de algunas procesiones en la Edad Media Situémonos entre el siglo XIV y comienzos del XVI en cualquiera de las siguientes ciudades italianas llenas de vida, alboroto y gran movilidad comercial y social: Florencia, Venecia, Génova Roma, Milán o, Sicilia.



La burguesía se fortalece como una nueva y poderosa clase social, independiente de la iglesia y de la corte. Los nuevos y acaudalados señores, empeñados en establecerse en el espacio social que han conquistado, emplean sus fortunas tanto en ser, como en lucir ricos y se rodean de pinturas, esculturas y todas las expresiones artísticas del momento que expresan el lujo y la exquisitez de sus dueños. La demanda crece, paga bien y es un desafío a la capacidad de innovación y de creatividad de los artistas para captar la realidad y expresarla bella y fielmente. De manera que compitieron. Pintores, escultores, arquitectos, diseñadores de jardines, telas, gobelinos, muebles y cuanto objeto artístico y decorativo era posible imaginar, trabajaron con sus ayudantes, bajo el mismo techo, en los famosos Talleres de la época. Y en esa competencia, talentos como los de Brunelechi, Piero de la Francesca, Miguel Ángel, Leonardo Da Vinci y Rafael entre otros, propusieron teorías científicas e inventaron artefactos para ayudarse a plasmar en los lienzos y en los muros, las tres dimensiones de la realidad tal y como las percibía el ojo humano.



La proliferación de dichos artefactos fue sorprendente. Sobreviven hoy, las retículas a las que llamamos Cuadriculas y las Mandorlas a las que llamamos Pasos en las procesiones. Las Mandorlas o Máquinas de Representación, fueron originalmente escenarios que representaban con maestría y gran riqueza aquello que se quería pintar. Generalmente usaban dos: uno que representaba el escenario propiamente dicho y otro, donde ubicaban a los modelos disfrazados de los personajes que serían pintados. Delante de estas dos maquetas se colocaba la retícula, que le facilitaba al pintor ubicar en el lienzo las figuras, los puntos de luz, y demás detalles relevantes de la perspectiva.



Para celebrar sus éxitos, los Talleres comenzaron a exhibir las Mandorlas al pueblo en medio de un espectacular desfile que se fue convirtiendo en una divertida y popular fiesta. La iglesia vio muy pronto el potencial de las Mandorlas, ya que una buena parte de las pinturas de la época fueron de carácter religioso y representaban imágenes sagradas y pasajes de la Bíblia. El excelente vehículo de refuerzo espiritual recién descubierto, fue encausado inicialmente en una fiesta religiosa anual, que se institucionalizo como el día de San Juan.



Pero, sin duda alguna, es a raíz del Concilio de Trento cuando adquieren una enorme importancia, sobre todo en la Iglesia Católica. Dentro del catolicismo su uso se adscribe a la piedad popular en caso de las romerías de santos y a la enseñanza de la simbología propia del cristianismo en el caso de las representaciones de la Pasión de Jesús en un marco donde el vehículo visual de la imagen, era más efectivo que la lectura del relato bíblico por las cotas de analfabetismo.



Cada viernes Santo las calles adquieren un matiz místico. A partir de las 20:00 horas comienza una marcha que convierte a la cuidad en escenario de la Procesión del Silencio, el mayor ritual religioso del catolicismo, que año con año conmemoran la pasión vivida por Jesús, el CRISTO DE DIOS. La multitud se instaura en los alrededores con un clima de completa expectación. Entonces las puertas del templo se abren y comienzan a desfilar sobre primeras cruces y cirios que va llevando en alto la comitiva. Al poco tiempo las calles circundantes se llenan de faroles y capuchas cónicas que avanzan con parsimonia en gesto de duelo. Todos los cofrades portan emblemas e imágenes religiosas, y visten de acuerdo a los colores que corresponden a su compañía. A lo largo del trayecto se pronuncian pregones y saetas que detienen la procesión en puntos estratégicos. Estas voces retóricas, pertenecientes a la tradición sevillana, ofrecen un acongojado homenaje a manera de recital y canto. Los pregones son un discurso reflexivo que tiene por objeto resaltar la esencia de la Semana Santa. La tradición de la Procesión del Silencio tiene sus orígenes en España del siglo XIII, cuando los sacerdotes franciscanos iniciaron sus Procesiones de Sangre, en los que éstos se infligían castigos físicos y representaban escenas relativas a la pasión de Cristo. En el siglo XVI, el ritual es traído a la Nueva España gracias a la orden de los carmelitas descalzos, sin embargo, no se instauraría de manera anual, como lo es ahora, hasta el año de 1854. Desde entonces se ha convertido en la procesión católica más importante.


Atavismo religioso que devela como luz sobre el prisma a los diferentes componentes que conforman la esencia de la fe, la Procesión del Silencio es una poderosa comunión con Dios, mediante la cual renovamos nuestros lazos y hacemos frente al porvenir con esperanza.

sábado, 31 de julio de 2010

EL KERIGMA

Tres pautas prácticas
y dos materiales

1 ¿Cómo anunciar el kerigma a la "gente de paso"?

A ellos se les puede anunciar a Jesucristo con medios y materiales adecuados a su condición.

Podemos compartirte algunas sugerencias.

1. Volantes, de preferencia ilustrados, en los que se anuncia el kerigma con una "entrada" que tenga relación, si es posible, con su trabajo: de no ser factible, que tenga que ver, al menos, con una situación de la Ciudad.

2. Volantes en que se explique el sentido más profundo de¡ objeto religioso que buscan (agua bendita, aceite, imágenes).

3. Preferenciar un anuncio kerigmático en la catequesis que se da en las preparaciones presacramentales.

4. Emplear el "micrófono ambulante", esto es: a semejanza de los utilizados por los comerciantes ambulantes, que anuncian sus productos a través de altoparlantes, con cintas previamente grabadas. Habría que conseguir algún vendedor que nos permita poner en cierta periodicidad anuncios kerigmáticos con una duración no mayor de dos o tres minutos, de acuerdo al siguiente esquema: a) hecho de vida, b) lectura bíblica, c) reflexión, d) oración final.

5. Formación de una comunidad apostólica con aquellas personas que han elegido algún templo distinto al que les correspondería territorial mente, en razón de alguna preferencia personal o conveniencia de trabajo; con ello se realizarían algunas actividades que respondieran a la evangelización de la población de paso o de algún sector específico.

6. Colocar alguna televisión dentro del templo para ofrecer, en forma continua, los spots que pronto están apareciendo en la televisión comercial, o algún vídeo.

2 Dos ejemplos del Kerigma corto para anunciarse vivienda por vivienda

Ejemplo 1:

Buenas noches... Traigo un saludo de la parroquia. ¿Me permite un momento de su tiempo? (Si la persona no acepta, se le pide recibir una estampa con un saludo —Que será el kerigma escrito—; si acepta, se le dice lo siguiente):

Tal vez usted se ha preguntado por qué nos esta yendo cada día de mal en peor. Uno pierde su trabajo, ya no alcanza para muchas cosas, los hijos se drogan, uno(a) está más nervioso(a) y se vuelve más agresivo(a). Uno cree que a veces Dios se ha olvidado de nosotros. Hasta dan ganas de renegar. Al menos eso sentí yo más de una vez.

Yo quiero decirle que a mí me pasaba esto, pero un día me puse a pensar si Dios estaba provocando todo esto. Descubrí que Dios no quiere que suframos, que su Hijo Jesús había ya sufrido y muerto en nuestro lugar, que gran parte de este caos (situación) nosotros mismos lo creamos o permitimos que se dé. A Dios también le duele nuestro sufrimiento. Por eso quiere hacerse presente para liberarnos. La condición para estar con nosotros es que nos unamos y amemos. Por eso estoy aquí porque quiero invitarlo a unirse con otras personas como yo.

Lo invito a una reunión que tendremos por aquí cerca el próximo __________ en la calle ___________ número ____, a las _____. ¿Acepta mi invitación? (Aquí se puede crear un diálogo entre el visitado y el visitador). ¿Quiere(n) que venga por usted(es) para que nos acompañe(n)? ¿Me quiere(n) dar su nombre y dirección?

Si tiene alguna pregunta sobre esto, haga el favor de llamarme: soy ____________ mi teléfono es ________________

Ejemplo 2:

Buenas noches... Yo no sé si usted es de las personas que ya haya sido asaltada con violencia o ha tenido algún accidente serio. A mí me asaltaron una vez (Yo sufrí un accidente grave). Sentí que me había llegado mi hora. Esto me hizo pensar que la muerte no anuncia su llegada. Desde entonces reaccioné.

Me acerqué a Dios del que había estado lejos. Descubrí que estoy en esta tierra no por casualidad, sino por amor. Dios me creó porque me ama y me tiene todavía en esta tierra porque quiere manifestar su amor a través de mi persona. Yo creo que Dios también lo(s) ama mucho a usted(es). Por eso quise venir a decírselo. Lo importante es descubrir lo que Dios quiere de nosotros en esta vida. Lo invito a irlo descubriendo. Para esto nos reuniremos por aquí cerca el próximo día ____________ en la Parroquia __________________________.

3 ¿Estás realizando el primer anuncio?

No te olvides que...

· Ha de ser una proclamación sencilla y directa del amor del Padre revelado en Jesucristo mediante el Espíritu Santo.

· Ha de ir respaldado por un claro testimonio de vida cristiana.

· Ha de hacer referencia a los hechos de la vida diaria.

· Ha de estar orientado a la conversión a Jesucristo.

· Ha de propiciar el desarrollo de las «semillas del Verbo» que ya se encuentran en el corazón del hombre de la Ciudad.

· Ha de suscitar una inquietud para encontrar el sentido trascendente de la existencia.

· Ha de ubicarse en el contexto de nuestra urbe.

· Es uno solo en su contenido y múltiple en sus expresiones.

http://www.vicariadepastoral.org.mx/cardenal/caminando_juntos/caminando_juntos_04/pautas_metariales.htm

Elementos y Formas del Kerigma

Pbro. Benjamín Bravo Pérez
Asesor de la Vicaría de Pastoral

El anuncio del kerigma es la verdad más sencilla, pero en ocasiones la más difícil de transmitir. Es la verdad que en los primeros siglos de la Iglesia, ocupó el lugar central de la predicación.

Siempre, en todo lugar y para todas las personas, ha sido el mismo contenido.

La verdad es simple: "Jesús es el Cristo que murió por nuestros pecados y así consiguió nuestra salvación. Él nos invita a cambiar nuestra vida, a adherirnos a Él, a convertirnos a Él y así recibir el don del Espíritu en los sacramentos de iniciación: Bautismo, Confirmación y Eucaristía".

Para lograr que la gente no sólo entienda, sino que se compenetre de esta verdad y genere o resuene en ella una respuesta, se han usado diversas maneras o métodos: el carismático, el sociológico y el catequético.

El método carismático

Esta manera de anunciar el kerigma ha sido empleado, con pequeñas variantes, por diversos agentes, como el Sistema Integral de Evangelización (SINE), el Renew o Renacer y algunos grupos neocatecumenales.

El núcleo de su metodología está en enfatizar el aspecto personal de la redención realizada por Jesucristo, y transmitido a través del testimonio de alguien que ya ha sido tocado por el Espíritu de Jesús, apreciando el valor de la oración que acompaña el anuncio.

Si alguien ya está utilizando esta manera, ¡adelante! la Misión 2000 no quiere descarrilar el carro del tren que ya va caminando, sino aprovecharlo para que pueda seguir subiendo más gente al tren de la Misión.

El método sociológico

Esta manera de anunciar el kerigma es usado por sistemas de evangelización como las Comunidades Eclesiales de Base, los Procesos de Conversión, el Centro de Formación Apostólica para Laicos (CEFAL) y por alguna rama de la Acción Católica

de corte belga como la JOC Juventud Obrera Católica).

Enfatiza en su metodología el pecado social desde donde se descubre la vida de Jesús de Nazaret como el máximo ejemplo de aquel que responde al proyecto salvífico de Dios en esta historia. Valora las semillas del Verbo que ya se encuentran en la religiosidad popular y las integra en el kerigma.

Si en tu comunidad ya están usando esta forma, continúen con ella. Ya se han subido a un vagón importante. Hay que seguir subiendo a más gente de la parroquia. ¡Que no se quede nadie en la estación!

El método catequético

Esta manera es a veces equívoca: o porque es más catecismo que kerigma o por que se cree que el catecismo es el kerigma y no se le considera como la etapa inicial de todo el proceso catequético. Quienes utilizan este método en ocasiones se preocupan más por el contenido que por provocar la conversión inicial y no llegan a desencadenar un proceso.

Un gran esfuerzo de evitar estos extremos es el libro Camino de Emaús, editado por la Vicaría de Pastoral, precisamente como un instrumento de apoyo en el proceso misionero.

Otra iniciativa son los Pregones kerigmáticos que ofrecen los padres redentoristas en una cuádruple dimensión teológica, cristológica, mariológica y eclesiológica.

Proyección a nuestra realidad

En cada decanato tal vez existen las tres maneras de realizar el Primer Anuncio. Es difícil, en este momento, hacer que todas las parroquias y grupos sigan un mismo método.

No hay que olvidar que el anuncio explícito del kerigma fue olvidado por muchos años, tal vez siglos, en nuestra Iglesia; y nos ha llegado en las últimas décadas a través de sistemas o métodos que empezaron a proclamarlo, sin pasar antes por la Comisión de Catequesis, o por el visto bueno del Obispo o del Vicario Episcopal.

Lo mejor es que cada decanato prepare a su equipo misionero decanal en función de aquel o aquellos métodos que asuman los presbíteros de cada decanato.

http://www.vicariadepastoral.org.mx/cardenal/caminando_juntos/caminando_juntos_04/elementos_kerigma.htm